Un tono esperanzador, en la respuesta de Clari a la pregunta de Ana Frank

“¿Quién más que yo va a leer estas cartas?”, se preguntaba Ana Frank, una adolescente alemana de ascendencia judía, mientras escribía a escondidas su célebre diario personal, entre 1942 y 1944, cuando los nazis ocupaban durante la Segunda Guerra Mundial la ciudad de Ámsterdam en los Países Bajos. Y tal vez esta misma pregunta fue la que acompañó a la joven Ana hasta su trágico final en febrero de 1945 en el campo de concentración de Bergen – Belsen, en la Baja Sajonia, donde fue exterminada junto a otras 50.000 personas, según estiman los historiadores, tras haber sido apresada por las fuerzas de ocupación nazi. Lo que sí probablemente jamás dimensionó, tal como alguna vez expresó su padre Otto Frank – quien sobrevivió al Holocausto-, fue la enorme repercusión que tendrían las páginas de su diario una vez publicadas… “Cuán orgullosa hubiese estado Ana, si hubiese podido vivir esto”, dijo su papá. Un legado que aún hoy persiste. Y que también hoy despierta motivación en adolescentes y jóvenes de todo el planeta para la construcción de un mundo mejor.

Una de las adolescentes inspiradas es Clara Li, una chica con síndrome de Down (que está próxima a cumplir 13 años), quien vive en Azul, provincia de Buenos Aires. Participa motivada por su colegio San Cayetano de un concurso literario nacional sobre la figura de Ana Frank. La consigna es presentar textos vinculados con la vida de la joven. Y “Clarita”, como le dicen con cariño sus compañeros y docentes, eligió darle a Ana una respuesta sobre su pregunta acerca de si alguien leería sus cartas. Prepara, entonces, un escrito donde le expresa su cercanía y también le da su apoyo y consejos para transitar el aislamiento (una situación compartida, aunque con contextos bien diferentes: una, obligada por una persecución; y la otra, debido a una pandemia).

Escribió Ana en su diario: “Cada uno tiene dentro de sí mismo algo bueno. La buena noticia es que ¡no sabés lo grande que puede ser! ¡Cuánto puedes amar! ¡Lo que puedes lograr! ¡Y cuál es su potencial!”. Este espíritu, tan edificante y genuinamente humano, es en el que creció -y crece- Clara. “Desde su nacimiento no hubo esfuerzos para su aceptación”, cuenta con emoción, su mamá, Silvina, quien destaca: “Nos trajo mucha unión a toda la familia”. Y cuando rememora el momento de la llegada de Clari al mundo, a contramano de la mayoría de las experiencias de otras familias que tienen hijos con síndrome de Down, tiene un lindo recuerdo: el modo cálido en que los médicos les dieron la noticia a su marido, Alberto, y a ella. Y esa misma calidez recibió también Clarita cuando llegó a su casa por parte de sus hermanos mayores: Nahuel, Aye y Jero.


Una educación para la vida

Nahuel, Aye y Jero hoy son jóvenes de 30, 28 y 23 años respectivamente. Todos fueron al colegio San Cayetano. Allí recibieron una formación en valores. Una educación para la vida misma, ya que desde sus orígenes la institución tiene una cultura inclusiva. Así lo destaca la orientadora educativa, Sofía Provenzano: “La inclusión no es una postura de la escuela, sino una manera de vivir”. Y en ese contexto de apertura y diversidad, como subraya también la directora Myrian Osán, es en el que se forman los alumnos. Es una marca

registrada y tradicional de la institución. “Nosotros preparamos chicos para la sociedad”, puntualiza la docente de Sociales y Prácticas de 6° Grado de Clari, Juliana Hourcade. Por eso, Silvina y Alberto no dudaron un segundo en inscribir a su hija menor también en el San Cayetano. “Sabíamos que iba a tener lugar. Nuestros hijos mayores habían tenido compañeros que eran parte de proyectos de integración”, señala Silvina. Y, hace una pausa, y destaca con una leve exhalación: “No tengo palabras de agradecimiento”.

La gratitud es recíproca entre la familia y la escuela. Lorena Nasello, miembro del Equipo Directivo, dice que los Li “son una familia hermosa”. Y aquí toma relevancia y autoridad la opinión de la maestra integradora, Leandra Torres, que es de la escuela especial Cadral: “Clara es una chica feliz. Valorada. Tiene mucho que ver la familia. Sus compañeros aprenden en la diversidad. Y sus compañeros – adultos ya tienen mucho ganado para la vida”.

El vínculo entre Clari y sus compañeros es de genuina amistad, y se mantiene con el paso de los años. Esto adquiere una rica particularidad, ya que cuando los chicos alcanzan la adolescencia los intereses mutan y las relaciones se transforman. Esto ocurre a menudo en experiencias de personas con síndrome de Down que, en la época de los grandes cambios, a veces pierden amistades de golpe. “Con Clara esto no sucede, sus vínculos de amistad son reales”, afirma su docente de apoyo Torres. Y la mamá de Clari lo certifica: “Sus compañeros son fantásticos. Está llena de amigos”. Se percibe la unión de la comunidad educativa: familias, alumnos, directivos, docentes y profesionales de apoyo. Y así encarnan uno de los más hermosos pensamientos de Ana Frank: “Para amar a alguien, tengo que admirarlos y respetarlos”.

El valor de la amistad tiene un protagonismo muy fuerte en el San Cayetano. Por eso, en este colegio que hace honor al santo con el que se identifica -y así trabaja de manera incesante por la inclusión-, el Día del Maestro (11 de septiembre) se celebra con un acontecimiento muy especial: la presentación de los diseños que irán estampados en las remeras de los chicos que se egresan de la Primaria. Surgen de propuestas de los propios alumnos, y que son elegidas por ellos mismos a través de una votación. Este año ganó la propuesta de Clari, que, con apoyo de su prima Joselina, presentó un modelo que emula la vestimenta de uno de los personajes más famosos de la película de Disney Toy Story: Woody. Todo constituye una hermosa metáfora de la realidad y del espíritu del colegio… ¿Hay una película animada más linda sobre el profundo valor de la amistad? Así lo expresa, con orgullo, la docente de Matemáticas y Sociales de los chicos, Marina Cardozo: “Es fantástico lo que se aprende. Es inmenso. De Clara y de los compañeros”. Aquí, otra vez, resuena una frase de Ana Frank: “Aquel que es feliz puede hacer dichoso a los demás”.

“´¿Podrá?’ Siempre puede”

El 2021 será un año importante para Clara, ya que comenzará el Secundario. Una etapa nueva. Ella, su familia y el San Cayetano están preparados. “Con Clara nunca hay que enchancharse. A veces surge la pregunta: ‘¿Podrá?’. Siempre puede. Tiene que ver con lo que uno propone. Y con la confianza que uno le tiene”, afirma Cardozo. Y, en seguida, otra docente, Marcela Osán, que la tuvo a Clari en 3° Grado, reconfirma: “El colegio tiene un recorrido”, en alusión a otras inclusiones. Pero lo más importante, como señala la orientadora educativa Provenzano, serán “la red de apoyos y la creatividad”. En definitiva es lo que precisa cada alumno para una trayectoria escolar adecuada.

Clari es muy feliz. Tiene el amor de su familia y amigos. Se prepara, con todo, para celebrar en un par de años sus 15. “Voy a bailar con papá y con mis abuelos: Cata, Silvia y Oscar”, dice, con una sonrisa contagiosa, mientras se escuchan a los lejos los ladridos de sus perros Coqui y Maui (como los personajes de la película de Disney “Moana”). Será una fiesta increíble, donde, además de con sus amigos, celebrará con todos sus primos: Javier, Abril, Joselina, Delfina, Sofía, Azul y Serena.

“A la larga, el arma más poderosa de todas es un espíritu amable y gentil”, escribió Ana Frank. ¿Y no es este, acaso, el “arma más poderosa” para la inclusión de cada ser humano? Este es el legado de la joven historia de Clarita, quien, seguro, en su respuesta a la pregunta de Ana sobre quién leerá sus cartas, habrá un tono esperanzador como el que tenía la mujer que inspiró -e inspira- a millones en el mundo con su diario.

Reconocimientos de la familia de Clari por todos sus logros a Vanina Ponthot, Dina Bos, Julia Dragui, Analía Burgos, Leandra Torres, Eugenia Ferrazuolo, Silvina Zebeiro, Valeria Ripa, Sofía Provenzano, Josefina Bazzano, Victoria Bepmale, Marcela Osán… “¡Todas ángeles que tocaron el alma de Clari!, dice la familia.

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