“¿Para qué sirve la ciencia?”: la respuesta de una adolescente al Instituto Balseiro

El matrimonio Del Vecchio (Diego y María José) buscaba, hace 18 años, apoyo en la ciencia para entender de qué se trataba el síndrome de Down en el momento en que nació su hija Clara. Hoy, con orgullo, celebran el aporte de “Clari” a la ciencia: fue preseleccionada, hace poco más de dos meses, por el Instituto Balseiro de San Carlos de Bariloche por un trabajo que presentó en relación al siguiente interrogante: “¿Para qué sirve la ciencia?”. Todo un orgullo. Más si se tiene en cuenta que aquella entidad pública y gratuita, que es orgullo nacional, trabaja desde 1955 en la formación de científicos y tecnólogos en pos del desarrollo de investigaciones que contribuyan al interés de la Argentina.

Clara cursa el último año del Secundario en el Colegio Holandés de la ciudad de Tres Arroyos, que es cabecera del partido homónimo de la provincia de Buenos Aires. Y fue su profesora de Biología, Carla Meyer, quien animó a sus compañeros y a ella a participar de esta iniciativa del Balseiro. Al principio, en casa de los Del Vecchio, dudaban. “¿No será algo para genios?”, se preguntaba la mamá. Pero al observar que Clara estaba tan entusiasmada con el proyecto, y que contaba con el apoyo de la psicopedagoga Celina Etchemendi y el de la maestra integradora Vanesa Orsili -de la Escuela Especial 501-, decidió junto a su marido alentarla.

Para Clara era todo un desafío el interrogante de “¿Para qué sirve la ciencia?”. Pero, en el actual contexto pandémico, encontró el atajo para buscar una respuesta. Comenzó por averiguar qué es un virus. Luego investigó sobre las características específicas del covid-19. También consultó respecto de qué es una pandemia. Y cuando tuvo toda la información, que sistematizó con la ayuda de sus apoyos, definió su respuesta. Y así la comparte con ASDRA: “La ciencia sirve para que, a partir del conocimiento y de sus pruebas, dé con una vacuna para curarnos”. Y, partir de esa conclusión, entonces, desarrolló todo su trabajo a teledistancia.

El documento que elaboró Clara le gustó mucho a su profesora de Biología. Y también fue muy valorado por el jurado del Instituto Balseiro, ya que lo preseleccionó entre 400 trabajos entregados por adolescentes de todo el país. “Fue una alegría inmensa porque desde la Dirección del Instituto supieron valorar, entre otras cosas, la creatividad y el esfuerzo de Clari”, afirma, con gratitud, María José. Y Clara, agrandada, enseguida, subraya: “Mi trabajo fue uno de los 60 preseleccionados y uno de los dos que se eligieron en la ciudad de Tres Arroyos”. ¡Cuánta alegría! Esa alegría que desborda la adolescente, cuando muestra el diploma.

Un arcoíris esperanzador

Y ASDRA, precisamente, ocupa un lugar importante en el corazón de los Del Vecchio. Es que la Asociación fue un soporte muy importante en el inicio de la vida familiar, cuando la Mamá Escucha Silvina Furesz les dio apoyo y contención en el momento en que Clari llegó al mundo. “Nos recibió toda una tarde en su casa y nos abrió un arcoíris muy esperanzador”, relatan los padres, quienes recuerdan aquel día y el viaje que hicieron a Buenos Aires desde su ciudad de origen especialmente para ello. Y, pronto, María José agrega: “También fue muy importante Raúl Quereilhac, quien por aquellos años iba y dejaba material informativo en la casa de mi hermana que vive en Capital”.

ASDRA, cuentan los Del Vecchio, les marcó un camino. Les dio contención. Les mostró un Norte para la etapa escolar a través de las Jornadas y Congresos que organiza. Y también les dio impulso para formar, con el consejo de los Papás Viajeros, la Asociación Síndrome de Down de Tres Arroyos que acompañó también a familias locales. “Encontramos amigos”, manifiestan Diego y María José, quienes recuerdan incluso unas vacaciones en Claromecó con los Quereilhac. Clara, atenta a los dichos de los padres, marca la cancha respecto de su vínculo con aquella familia. “¡Los amo!”, grita con vehemencia.

Clara también ama a su hermana, Sol, que tiene 15 años, aunque se llevan “como perros y gatos”. Y ambas, al parecer, tienen una gran afición por la música. Bailan muy bien, cuenta su mamá. Pero Clara, con la postura desafiante propia de una adolescente, remarca: “Yo bailo como las diosas”. María José celebra el entusiasmo de su hija mayor.

La familia Del Vecchio

¿Qué sueños tiene Clara para el futuro? Convertirse en masajista y tener un trabajo para ahorrar dinero y, así, cumplir un viejo anhelo: visitar a su tía abuela, Graciela, quien vive en Barcelona, España. Para ello, sabe, deberá prepararse. Más cerca que lejos en el tiempo, ya que a fin de año termina el colegio. “Extrañaré a mis amigos”, expresa, con un poco de nostalgia. En sus ojos, no obstante, brilla la ilusión ante el desafío nuevo del camino a la independencia.

“Nuestro mayor deseo es que encuentre un sentido en todo lo que emprenda”, finalizan los padres. Ese sentido que, muy bien, halló en su respuesta acerca de “¿Para qué sirve la ciencia?”.

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