Pablo y Liber, abuelos scouts… ¡Siempre listos!

Ayudar a criar. Este es el rol que, según Pablo Bongiorno y Libertad Faturos -quienes llevan 42 años de casados-, deben tener los abuelos en la familia. Y lo dicen con 16 años encima como nonos y, además, por su experiencia como coordinadores del grupo Abuelos de ASDRA desde 2012. Y lo fundamentan: hoy la mayoría de las mamás y de los papás trabajan y, por lo tanto, su apoyo es clave para la educación de los nietos. “Hay que ser responsables”, dicen, con esa sonrisa cómplice que da a entender que también hay lugar para disfrutar de las picardías con los nietos.

Pablo y Liber son de barrio. Él, oriundo de Montecastro; y ella de Mataderos. Bien porteños. Y tienen esa simpleza y sabiduría propias de quienes, como suele decirse, tienen cancha. Son directos. Se expresan sin atajos. Y utilizan imágenes muy gráficas para dar definiciones profundas. Así Pablo, por ejemplo, cuenta que los abuelos “somos como los scouts, ¡siempre listos para cuando nos necesiten nuestros hijos y nietos!”. Eso sí, enseguida, aclara: “Tenemos que respetar a rajatabla las decisiones de los ‘hijos-padres’ y limitarnos simplemente a acompañar en la formación de los nietos”.

Su primera nieta, Agustina, llegó hace 16 años. La trajeron al mundo el mayor de sus hijos, Marcelo, y su nuera Silvia. “Jamás olvidaremos ese día”; cuenta Liber. Fue un día que los movilizó mucho. Es que Agustina había nacido con síndrome de Down, y nadie en la familia estaba preparado. Recuerdan perfectamente que al llegar a la clínica, luego del parto, enseguida sintieron que algo había ocurrido cuando encontraron a su hijo con el semblante serio y un médico detrás. Y tras éstos se encontraba Silvia en cama, con lágrimas, quien sostenía con una sonrisa a una beba que era “un bomboncito”, relatan.  Fue un momento de mucho desconcierto, donde tuvieron reacciones distintas: Pablo se lloró todo y Liber, por el contrario, no. Pablo expresó su cercanía de esta manera a su hijo y a su nuera, mientras que Liber se juramentó “no llorar” ya que entendió que esa era la mejor manera de apoyar.

“La bomba nos cayó”, manifiesta Liber. Y tanto que a Pablo, según recuerda, le costó dos o tres meses salir del desconcierto. Pero ambos, pronto, tuvieron un fuerte convencimiento: el diagnóstico no define el destino. Y, así, se pusieron en marcha para buscar información de calidad y ayudar en todo lo que pudieran a Marcelo y a Silvia. Les fue bien: lograron poner claridad sobre la incertidumbre que genera la falta de conocimiento e hicieron mucha fuerza para que Agus, lo antes posible, reciba un respaldo profesional adecuado. “Nuestra nuera es divina, ya que siempre nos la hizo fácil y nos dio -y da- lugar”, manifiesta Liber, con el corazón inflado.

La “afectoterapia” y el sueño

Los nonos Pablo y Liber, quienes siempre están al pie del cañón de sus nietas -como cuando Agustina debió ser sometida a una intervención quirúrgica por una cardiopatía a los seis meses de vida-, recomiendan la “afectoterapia” como el mejor camino para el desarrollo de aquéllas. Y, aquí, entonces, entra una protagonista muy importante: Matilda, su segunda nieta, que tiene 12 años. “Es la dulzura misma”, comenta Liber. Y para Pablo, que según su esposa “a veces hace de malo porque pone límites”, Matilda es la mejor “estimuladora” de Agus. Y esto lo argumenta desde una perspectiva muy lejana a una visión utilitarista, sino más bien todo lo contario… Lo dice por la experiencia de haber tenido hermanos, de haber tenido dos hijos con Liber (Marcelo y Mariano) y por verlo ahora en el vínculo entre sus nietas. “Les hace muy bien compartir, pelear, hacer cosas juntas… ¡Se potencian mutuamente! Es el vínculo propio de las hermanas que las hace crecer”.

Que sean felices. Este es el sueño que tienen Pablo y Liber para Agustina y Matilde. Y esta felicidad requiere que cada una pueda vivir según sus propias decisiones, y de acuerdo con los valores que les transmiten sus padres. “De ninguna manera Matilda debe hacerse cargo el día de mañana de Agustina. En todo caso ayudará como todos en la familia para que Agustina reciba los apoyos necesarios. Pero cada una vivirá su camino”, afirma Pablo, con convicción y esa voz grave con la que presenta de manera periódica espectáculos de tango. Y visualiza, con el apoyo de Liber, un horizonte muy claro: la independencia de sus nietas. Por eso, hace tiempo, promueven en ASDRA la creación de un Programa de Planificación Familiar para la Vida Independiente. Y en esto están hoy en la Asociación, entre tantas otras cuestiones. ¿Por ejemplo? Son Abuelos Escucha, es decir, acompañan a otros abuelos que acaban de recibir “la noticia”; dan charlas a través de los “Abuelos Viajeros” en distintos puntos de la Argentina, y siempre con un mensaje esperanzador y realista sobre las personas con síndrome de Down; y, como los scouts, están siempre listos para brindar una ayuda en los Encuentros de Familias que desarrolla la Asociación.

Hoy Pablo y Liber, quienes tienen “una vida muy linda”, tal como cuentan, están un tanto nostálgicos. Extrañan mucho la posibilidad de ver a sus nietas, ya que desde marzo no lo hacen debido a la cuarentena que hay en el país. Pablo dice que “es duro, pero debemos ser responsables”. Y Liber confía en que los días de sol primaverales permitan que la situación sanitaria mejore un poco y, así, poder “encontrarnos con ellas al aire libre”. ¿Cómo imaginan ese reencuentro? No lo saben. Será raro no poder abrazarlas, comentan, con los ojos vidriosos. Ojos que, lejos de ser pesimistas, transmiten la convicción que da la experiencia de vida: hay que aguantar las olas, porque detrás de ellas está la calma. De todo esto, sin dudas, algo saben.

¡Gracias Pablo y Liber!

¡Gracias Pablo y Liber por su testimonio! ASDRA reconoce su impulso al Grupo Abuelos, una experiencia casi inédita en la mayoría de las organizaciones de familia de Iberoamérica; y también valora la creación de los grupos “Abuelos Escucha” y “Abuelos Viajeros” que llevaron adelante con su empuje. En ASDRA ya está su legado. ¡Y esperamos más!

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