Giuli habla sobre su hermana Valentina, quien tiene síndrome de Down

¿Quién dijo que nosotros somos los “normales” y ellos los diferentes? ¿Es correcto?

Tener una discapacidad no hace inferior a alguien, si no superior; en la forma de pensar, amar, en la preocupación por los demás, en la fortaleza y en el todos los días superarse.

Valentina y Giuliana
Valentina y Giuliana

Pero; ¿Esta es mi hermana? Sí, esto y mucho más. Valentina tiene síndrome de Down. Es una persona que todo lo puede lograr, que busca la forma de alcanzarlo todo y lo que le cuesta, más lo intenta, pero siempre «sola». En cambio, nosotros somos los que decimos “no puedo, no me sale” antes de intentarlo.

Ella está siempre pendiente de que todos estemos bien, transmite felicidad, amor, confianza, pero sobre todo tranquilidad…cualquier problema se hace chiquito estando cerca de ella, no sólo por lo que pueda llegar a decir, si no que con un abrazo o un beso ya todo termina. Valen cuando estoy mal me dice “todo va a estar bien, yo te amo” o “tranquila, yo estoy acá”.

Pero ahora les voy a contar que me pasó a mí cuando tome conciencia de su discapacidad: desde ese momento me costó mucho aceptarlo, entender que era para siempre, saber que era esto y porque a mi hermana.

Durante primer grado en mi, empezaron aparecer angustias sin explicación, no sabía de dónde venían. Por eso empecé a ir al psicólogo, no fue por mucho tiempo. Las cosas no iban muy bien en el colegio, tuve muchas situaciones en las que mis compañeros me cargaban con eso y frente a eso yo me hacía preguntas… ¿por qué me pasa esto? Y deseaba que mi hermana no tuviera síndrome de Down, “que se le curara”.

Con el paso de los años me di cuenta que estaba equivocada pensando que era algo que afectaba en mi vida de forma negativa. Hoy cada vez más siento lo indispensable que es para mi familia y por sobre todo para la felicidad de cada día.

De ella aprendo que todo va estar bien, a ver las cosas de manera simple, que los problemas tienen la importancia que uno les da y sobre todo a dar una mano sin esperar nada a cambio.

Si enseñamos a los chicos a aceptar la diversidad como algo normal, no será necesario hablar de inclusión sino de convivencia. Hagamos de este mundo, un mundo inclusivo para todos, a la vista está que enriquecerá y fortalecerá a cada uno.

¿No pensás lo mismo?

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