Gaby, activa y creativa, buscando nuevos desafíos laborales

Gabriela es venezolana. Tiene 41 años. Desde chiquita fue diseñando su futuro. Junto a su mamá Roxana planearon cada vivencia con disfrute y alegría.

De niña Gaby vivía en una ciudad de Venezuela, Maracay, allí completó su Primaria en una institución pequeña pero con una visión inclusiva. Luego asistió a PANEAC,  por las mañanas ayudaba a las docentes de nivel inicial y por la tarde asistía al taller de formación laboral para continuar capacitándose.

Por cuestiones laborales de su papá, se tuvieron que mudar a Caracas y, allí, Gaby continuó su formación en un instituto llamado APOYE donde realizaba muchos talleres, entre los cuales destacan:  teatro, danza, yoga y computación.  Como tenía mucha iniciativa, decidió participar del programa de inserción laboral y por intermedio de éste logró su primera experiencia laboral en una oficina de ingenieros. Luego apareció la oportunidad de trabajar en un banco, específicamente en el sector donde se encontraban las bóvedas, allí realizaba tareas de archivo. Estuvo 10 años. Gaby recuerda esta experiencia con mucho entusiasmo, nos cuenta que compartía el comedor con sus compañeros y con los ejecutivos, no faltaba nunca y recibió un reconocimiento, un pin de oro, plata y bronce, por haber trabajado tantos años. Roxana nos dice emocionada que todos los compañeros la aplaudían cuando recibió esta distinción. Ella trabajaba por la mañana y a la tarde seguía con los talleres en Apoye.

Todo lo bien que le iba a Gaby contrastaba con la realidad social en Venezuela. La inseguridad, según comenta Roxana, crecía cada vez más en el país. Esto atentaba contra la autonomía de Gaby, ya que las calles eran muy peligrosas. Tuvieron que tomar la muy difícil decisión de emigrar a la Argentina, país conocido para la familia. Ni bien llegaron, tomaron contacto con ASDRA entre otras instituciones, para que Gaby pudiera continuar su formación.

Trabajó, hasta hace solo un puñado de días. Fue una rica experiencia, que finalizó porque la organización decidió rediseñar sus programas por la pandemia. Pero como Gaby es muy activa, entonces, ya está en marcha y preparándose para nuevos desafíos. Y, al hacer un recorrido por su vida, agradece a ASDRA por la ayuda brindada para su formación para el empleo.

Pasiones

Gaby hoy continúa capacitándose para adquirir competencias laborales y más habilidades para la vida independiente. También combina su tiempo con una de sus grandes pasiones: la natación, deporte que le dio muchas satisfacciones. Es miembro de Olimpíadas Especiales, donde años atrás, representando a su país, en los estilos crol y pecho, clasificó para los Juegos Olímpicos de Shangai, China. Obtuvo un tercer puesto. Roxana recuerda ese momento con emoción, compartiendo que junta a su otra hija Paola, se les caían las lágrimas cuando vieron el nombre de Gaby  en la pantalla grande y agrega: “Es un orgullo verla nadar, lo hace muy bien y tiene un hermoso estilo!!!”

También logró competir en Los Ángeles y Puerto Rico.  Hoy en día, continúa con Olimpíadas Especiales en Argentina.

Pero también hay otra pasión en Gaby, que es compartida con su madre: las manualidades. Sueñan con tener un taller propio. La creatividad es el motor de su vida, por lo cual fue realizando distintas actividades donde pudiera desplegar esta pasión que se expresa fuertemente cada vez que tiene la oportunidad de crear. Gaby nos comenta con gran alegría que le gusta diseñar, sus inspiradores son el diseñador venezolano Luis Perdomo con quien intercambiaron diseños y Benito Fernández, padrino de ASDRA, a quien conoció en un evento institucional.

Al terminar la nota Gaby muestra con mucha alegría un estuche de lápices que le regaló su hermana Paola. Los lápices son un tesoro para Gaby, nos manifiesta: “¡puedo crear tantas cosas con ellos!”. Llegando al final de la entrevista, mira a su mamá y nos dice con brillo en sus ojos:  “es mi maestra, compañera, me da confianza, siempre me ayuda y acompaña”. Por su lado Roxana, abrazándola nos comenta que Gaby enriqueció su vida, la pasan muy bien juntas y le transmite su pasión por la vida. Sin duda esta conjugación de sentimientos es el motor para que ambas disfruten de cada actividad que realizan y siempre están dispuestas a encarar nuevos desafíos aunque sean difíciles, cómo lograr que Gaby pueda vencer los miedos y de a poco manejarse con autonomía en la calle. ¡¡¡Una dupla imparable!!!

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