Alan Rodríguez tiene 31 años y corre trail y carreras de montaña. Entrena de manera constante junto a su entrenador Guillermo Lescano, su familia y sus amigos. En los últimos años recorrió distintos escenarios de la Argentina y asumió desafíos cada vez mayores.

En diciembre de 2025, Alan se convirtió en la primera persona con síndrome de Down en completar El Cruce Saucony, una competencia de 100 kilómetros dividida en tres etapas en la Patagonia. También participó en distintas carreras de montaña, entre ellas los 15 kilómetros de K42 Series, los 21 kilómetros de Extremo Tucumán y los 21 kilómetros de Buenos Aires.
Alan entrena, se prepara y conoce cada vez mejor lo que necesita para afrontar una competencia de montaña. La preparación incluye desde el entrenamiento físico hasta la organización del equipo necesario para cada carrera: ropa, calzado, hidratación y elementos de seguridad.
Su papá, César, cuenta que al comienzo del recorrido deportivo de Alan se encontraron con personas que consideraban que no podía correr más de 5 kilómetros. Sin embargo, con entrenamiento y acompañamiento, Alan fue avanzando hacia distancias y terrenos cada vez más exigentes.
Hoy, la montaña forma parte de su vida. Alan disfruta correr con su familia, sus amigos y su entrenador. En las competencias, suele correr acompañado por su papá y por otras personas de su equipo, que se adaptan a las características del terreno y a las necesidades de cada desafío.
Una de las experiencias que más recuerda es El Cruce. La competencia se desarrolla durante tres días, con jornadas de alrededor de 32 kilómetros y importantes desniveles. En su primera participación, Alan y su papá completaron las tres etapas dentro del tiempo establecido por la organización.
La experiencia también fortaleció su autonomía. Su mamá, Florencia, cuenta que Alan aprendió a organizar su ropa y preparar su bolso para las carreras, teniendo en cuenta todos los elementos que necesita según el clima y las características del recorrido.
Alan también comenzó a explorar otras disciplinas. Junto a su papá participa en entrenamientos y competencias de duatlón, que combinan carrera y bicicleta. Para andar en bicicleta utilizan un tándem, una experiencia que además le permitió ganar confianza y avanzar en un desafío que hasta hace poco le resultaba más difícil.
Su recorrido deportivo también pone sobre la mesa algunas preguntas sobre la inclusión en las competencias. En la entrevista realizada por ASDRA en En Voz Alta, Guillermo señala que muchas veces las personas con síndrome de Down quedan incluidas en categorías generales de discapacidad, aunque las condiciones y características de las distintas discapacidades pueden ser muy diferentes. La familia plantea como horizonte que haya cada vez más corredores con síndrome de Down y que las competencias puedan contemplar categorías específicas cuando exista una participación suficiente.
Para Alan, mientras tanto, hay una respuesta mucho más sencilla cuando le preguntan qué les diría a otros jóvenes que quieren hacer deporte pero todavía no se animan: que se animen.
“Me encanta correr”, cuenta. Y cuando habla de lo que significa compartir las carreras con su familia, lo resume en pocas palabras: disfrutar, ser feliz y estar juntos.
Su recorrido no se trata de demostrar que una persona con síndrome de Down puede hacer lo mismo que los demás. Se trata de algo más concreto: tener la posibilidad de practicar un deporte, entrenar, asumir desafíos, competir y decidir hasta dónde quiere llegar.
ASDRA Asociación Sindrome de Down de la República Argentina


