Historia de la inclusión de personas con Necesidades Educativas Especiales

inclusion-educativa-sindrome-de-downHasta aproximadamente la década del ’80, los niños nacidos con la  estructura genética trisomía del par 21 (síndrome de Down) estaban condenados; toda su identidad quedaba reducida al genoma, producto de muchas variables, entre ellas el prejuicio y la discriminación. Cierto es que los genes pueden influir en diversos aspectos de lo orgánico, sin embargo, “lo que la ciencia piensa como determinismo, la opinión lo comprende como destino”.(1) Y a partir del hecho de que los genes pueden determinar la forma de las orejas, se infiere que también determinarán la forma de vida.

Las comunidades siempre han querido su identidad (ser idénticas a sí mismas), es por eso que los diferentes han sido sometidos, a lo largo de la historia, a diversos castigos: pruebas de ordalía, suplicios, encierro, aislamiento, internación.

Más aun en el caso particular de los nacidos con una composición cromosómica que tiene su correlato visible en los rasgos. Así, la condena hacia los niños con estructura genética trisomía del par 21 fue quedar recluidos, encerrados en el cuarto más lejano de la casa sin posibilidades de entablar contacto con la sociedad y en ocasiones ni siquiera con los miembros más cercanos de su propia familia. Sobre ellos  se tejía una gran cantidad de mitos y leyendas (desde teorías sexuales hasta predicciones sobre la moralidad de sus padres).

El tiempo fue pasando y los niños con Síndrome de Down fueron siendo incluidos en la escolaridad especial. Esto, sin dejar de estar condenados por los prejuicios epocales: “Son todos tan cariñosos”, son todos iguales, son inocentes”. Se suponía que no aprenderían a leer, que para ellos con un tallercito de manualidades sería suficiente.

Ya incluidos en la vida familiar y tibiamente en la vida social, todos comenzamos a notar que pueden aprender a leer, a pensar, a tomar decisiones sobre su propia vida, que su promedio de vida es igual al de cualquier otro ser humano, que las dificultades de fonación van desapareciendo en la medida en que hablar es una necesidad social. Para resumir, la estructura genética permanece idéntica desde hace 30 a 100 años, sin embargo, las características que eran referidas al síndrome quedan desdibujadas gracias a su actual posibilidad de redes de relación social.

La mera explicación biológica o físico-química, la creencia en capacidades innatas inmodificables, tanto para los niños con estructura genética T21 o para niños sordos, o para niños ciegos, o para niños negros, o para niños pobres, hijos de cartoneros, hijos de inmigrantes bolivianos, paraguayos, y para tantos otros niños que han padecido el castigo inmerecido de ver cercenadas sus posibilidades de inclusión cultural, social y educativa, funciona como una manera de hacer visibles los procesos y dispositivos sociales involucrados en cada caso.

Es así que, desde nuestra postura, mientras se siga enunciando “tengo 25 alumnos y un Down”, marcando fuertemente la diferencia, el proceso de integración se verá frustrado.

No se trata sólo de hacer un cambio rápido de maneras de nominar, sino algo más profundo con respecto a laconcepción pedagógica, filosófica y ontológica del otro.

(1)Testar, J.;Godin, C., El racismo del Gen.

Silvia María Alvarez
Prof. integradora 

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