Un sueño hecho realidad: vivir juntos y casarse

Santi y Lucre
Santi y Lucre

Santi y Lucre fueron grandes amigos en la niñez, cuando compartían divertidos momentos de juego. Pero, con los años, crecieron. Se enamoraron y transitaron 11 años de novios: un camino de grandes vivencias, emociones compartidas, aprendizajes y de construcción de un vínculo tan fuerte y maduro que los llevó un día a decidir vivir juntos.

Esta decisión era otro gran desafío para los jóvenes y sus familias, que ya se habían encontrado con muchos obstáculos en sus vidas. Este era uno más a vencer, pero, ahora, contaban con una fortaleza compartida: eran dos luchando por el mismo propósito. Al principio hubo una gran oposición, porque surgieron inquietudes respecto de si estaban preparados para este gran paso. Pero apareció, entonces, el incondicional instinto de una madre (Patricia) -que se describe a sí misma como “firme pero dócil”- que confió en su hijo, en los valores que le transmitieron, en las decisiones que fue tomando en su vida, en su maduración, en los logros que fue obteniendo en cada etapa y así decidió apoyarlo y acompañarlo en este nuevo desafío, venciendo sus propios temores y ansiedades, estando cerca y guiando. Pero, sobre todas las cosas, dándole su propio espacio para elegir.

El psicólogo de Santi lo describe como “el gladiador de su vida”, porque desde niño luchó por sus deseos. Cuando era bebé peleó por vivir frente a un problema de salud grave que le dificultaba respirar. Al crecer optó por escuelas y centros donde se sintiera respetado, y ya de adulto buscó un trabajo donde se sintiera valorado. Como había crecido, sentía que era grande para vivir con sus padres y quería progresar, así planteó a su familia que quería vivir solo para luego compartir su vida con su amor, Lucre. Esta personalidad y accionar de Santi, le dio a Patricia la confianza para apoyar esta nueva decisión, aunque tuviera en contra al resto de la familia. Este anhelo se despertó después de un viaje donde ellos empezaron a compartir momentos como pareja, incentivados por las dos familias, que, de a poco, empezaron a propiciar estos momentos. Al ver el amor que los unía, y la maduración del vínculo que fueron construyendo, la madre de Lucre se animó a acompañar a los jóvenes en esta nueva aventura, quien hasta el momento no estaba de acuerdo con la decisión de los jóvenes, pero al verlos tan enamorados se convenció de que era lo mejor.

Primero Santi se fue a vivir a solo, con el apoyo de su mamá, quien decidió guardar sus propios temores y se animó a transitar esta nueva etapa, acompañando una elección más de su hijo. Miedos que parecían superados, pero volvían a asomar como aquel día cuando se preguntaba si Santi lograría hablar y la comprendería o cuando empezó a viajar solo (hoy Santi habla con cuanta persona se cruza en su andar). Pero entonces aparecían otros miedos, como los pensamientos sobre qué hará solo en el departamento, cómo se arreglará si está enfermo, tendrá comida, con quien hablará o a quién le abrirá la puerta… Pero la calma asomaba cuando recordaba cómo Santi solía responder a las distintas circunstancias cuando vivía con ellos, que fueron el resultado de todo lo que sus padres le enseñaron. Esta confianza es la que le daba tranquilidad a Patricia para seguir apoyando este nuevo camino. 

Apoyos y preparativos

La familia recurrió a un terapista ocupacional para que pudiera apoyar a Santi en cuestiones de la vida diaria. Fueron adaptando el departamento para que sea funcional para él y diseñando los distintos apoyos necesarios como carteles, que si bien no eran muy decorativos, servían de ayuda para que Santi aprendiera los “paso a paso” de cada tarea. Lucre también estaba presente en estas prácticas, porque solía visitar a Santi. Y así, juntos, empezaron a hacer las compras, pagar impuestos, cocinar, limpiar y demás cuestiones hogareñas. Pero ya las visitas no eran suficientes, querían estar juntos todos los días.

El gran deseo que tenían de convivir y la madurez con la que transitaron su noviazgo fueron los que convencieron al resto de la familia para aceptar la decisión de casarse. Así es como comenzaron los preparativos, que Lucre especialmente se encargó de que siguieran el ritual familiar: la consulta por una bendición religiosa. Esta terminó siendo a través de la consagración en el sacramento del matrimonio, el cual Patricia pudo fundamentar con el libro sobre teología de José Amor Pan donde explica que a los fines de “amarse toda la vida” tienen el discernimiento para hacerlo. Santiago y Lucrecia tuvieron el acompañamiento de un cura párroco (el padre Martín Bourdieu), luego de consultar con varios sacerdotes, quien los casó el 14 de marzo en el Santuario Jesús Sacramentado, unos días antes del inicio de la cuarentena.

Cuando se inició la pandemia en nuestro país, ellos estaban en Roque Pérez, con la familia de Lucrecia, por lo cual tuvieron que permanecer ahí. Así que los apoyos para que esta convivencia progrese los da la familia -ya que el terapeuta que los estaba ayudando con cuestiones de la vida diaria se fue a vivir a otra ciudad-. Cuando finalice la cuarentena, en tanto, retomarán la búsqueda de un nuevo profesional que pueda continuar con el acompañamiento de este nuevo aprendizaje. 

Zoom, autonomía y miradas

Patricia sostiene que queda mucha tela por cortar. Y que tanto Lucre como Santi están dispuestos a seguir aprendiendo para cada vez tener más autonomía en sus respectivas vidas. En estos momentos, entre prueba y error, aprendieron a usar Zoom con la guía de Patricia, quien un día se encontró con la sorpresa de que Santi se contactara con ella por medio de esta aplicación. Esta herramienta les permite seguir vinculados con sus familiares y continuar, de esta manera, con algunas actividades que venían realizando. La situación que todos estamos viviendo por causa del Covid-19 les genera incertidumbre sobre el futuro, y Santi se pregunta si podrá regresar a su trabajo en el bar, donde prepara café para los clientes.

Cuando Lucre lo mira a Santiago, su rostro, se ilumina. Y manifiesta con una gran sonrisa lo lindo que es para ella, que está perfecta con él y que desea para él que esté tranquilo y contento. A su vez Santi nos cuenta, con gran sensibilidad, y brillo en sus ojos, que cuando mira a Lucre siente una gran emoción y que ella le transmite paz y tranquilidad. Abrazados, sosteniéndose y con gran alegría, nos comentan que están muy felices de estar juntos. Y, entre risas, nos confiesan que se pelean muy poco, aunque a veces por alguna “pavada” sin importancia.

Antes de finalizar la entrevista, Santi nos muestra, con gran amor, el anillo de casamiento. Nos dice que ya cumplieron el deseo de casarse, pero ahora les falta concretar el viaje de Luna de Miel que no pudieron realizar debido a la pandemia. Y ambos nos cuentan que les gustaría ir a vivir a otra ciudad más tranquila, porque Buenos Aires está muy difícil debido a la situación de cuarentena que se atraviesa, la cual no les es indiferente.

Muestran un gran agradecimiento a sus familiares, terapeutas y a Rita, empleada doméstica que los ayuda a cocinar, por todo el acompañamiento para que puedan convivir y estar juntos. Se puede observar fácilmente que se complementan de forma increíble y funcional, tal como afirma el terapeuta que da apoyo a Santiago: “la pasividad y paciencia de Lucre dan serenidad a la ansiedad de Santi”. Se ayudan mutuamente.

Bonus track: palabras y actitudes de familiares

  • Mamá de Lucrecia: “Cuando vi a Lucre con la gran convicción y decisión de que se quería casar, cambié de opinión y decidí apoyar este gran desafío que no sabíamos cómo iba a resultar. Hoy al verlos felices, cada uno con sus tiempos e intereses, que se respetan y ayudan, me demuestran que no nos equivocamos”.
  • Los padres también han tenido un gran papel en esta historia, hoy el papá de Lucre no está pero sin duda le transmitió muchos valores que ella hoy replica. Y Héctor, papá de Santi, es el “faro”, quien le cambió la mirada sobre la vida (su parecido físico y actitudinal son el reflejo de esta relación que construyeron).

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