Escuelas inclusivas, escuelas que propongan la convivencia: una meta educativa

“Me es muy difícil entender la naturaleza de todas las
cosas, es natural ser diferente esta diferencia
nos hace único ante los demás… entonces ¿por qué
me señalas como diferente a ti?; ¿acaso no somos distintos
y por lo tanto en esencia lo mismo?”
Yadiar Julián
(Doctor en pedagogía, México)

En la actualidad, en todo ámbito, y en especial en el educativo, la necesidad de reestructurarse, modificar el estilo de enseñanza, de transmitir contenidos y de orientar los esfuerzos hacia una propuesta inclusiva, con profesionales que estén preparados a pensar la inclusión como una meta posible.
Para llevar dicho objetivo a cabo es fundamental promover el respeto por sí mismo, el respeto por el otro y el valor de la solidaridad, entendiendo lo diferente como inherente al ser humano, comprendiendo que cada sujeto tiene una inserción singular en la escuela, siendo diversas sus estrategias de aprendizaje, sus esquemas cognitivos y modalidad de acceso a los objetos de conocimiento. La inclusión no es un fin en sí mismo sino un medio que implica la puesta en marcha de movimientos transformadores en la escuela, tendientes a construir concepciones que permitan la convivencia, contemplando las diferencias entre los sujetos.
Es fundamental pensar la educación en valores, proponer la creación de códigos comunes, de idiomas universales que contengan a todos. Promover una educación integral, es pensar en estudiantes que se desarrollan tanto académicamente, como personal y socialmente, de esta manera se les permite adquirir herramientas necesarias para vivir en una vida sana y relacionarse armónicamente con los demás en los diversos contextos que se puedan encontrar tanto dentro como fuera de la escuela.
La inclusión es un proceso. Debe ser vista como una búsqueda constante de mejoras e innovaciones para responder positivamente a la diversidad de los estudiantes. Se trata de aprender a vivir con dicha diversidad y sacar lo mejor de esta.
Las escuelas deben posibilitar el desarrollo de una educación basada en la persona, a partir de la cual todos aprendan en función de sus características, necesidades, modalidades y ritmos de aprendizaje brindando una educación de calidad, a través del acceso, permanencia, aprendizaje y culminación, de todos los niños, niñas, adolescentes y jóvenes en el sistema educativo, en todos sus niveles y modalidades; reconociendo a la diversidad, en condiciones de buen trato integral y en ambientes educativos que propicien el buen vivir.
Es importante comenzar a construir dispositivos que, además de trabajar con la urgencia, intenten producir respuestas frente a la falta de herramientas teórico-prácticas que garanticen la construcción de encuadres educativos que devengan para los niños, niñas y jóvenes con necesidades educativas especiales en espacios de pertenencia, cargados de sentido e identidad.
Hablar sobre inclusión escolar es hablar de la necesidad de entender que un niño, niña y adolescente escolarizado debe ser considerado un sujeto del sistema educativo en su conjunto. Es hablar de la responsabilidad que ese sistema tiene respecto de cada uno.

La UNESCO propone una Educación Inclusiva y la describe como una estrategia dinámica para responder en forma proactiva a la diversidad de los estudiantes y en donde se debe concebir las diferencias individuales no como problema sino como oportunidades para enriquecer el aprendizaje.

La inclusión busca maximizar la presencia, la participación y el éxito académico de todos los estudiantes.

• El término “presencia” está relacionado con el lugar en el que son educados los niños, niñas y adolescentes siendo conscientes de que la Inclusión Educativa se entiende muchas veces de forma restrictiva sólo como un asunto de localización, pero también está íntimamente relacionado con su asistencia regular y tiempo de participación con sus compañeros en el aula de clase.
• El término “participación” se refiere, por su parte, a la calidad de sus experiencias mientras se encuentran en la institución educativa; que incorpora puntos de vista de los estudiantes, y valora su bienestar personal y social. La participación denota el componente más dinámico de la inclusión, donde todos se involucran activamente de la vida de la institución, y son reconocidos y aceptados como miembros de la comunidad educativa.
• El “aprendizaje” alude a los logros que pueda alcanzar el estudiante en función de sus características, las oportunidades de participar en condiciones de igualdad y cómo la institución educativa da respuesta a sus necesidades educativas.

La inclusión precisa la identificación y la eliminación de barreras. Las barreras son aquellas que impiden el ejercicio efectivo de los derechos. Genéricamente, las barreras son aquellas creencias y actitudes que los actores en el escenario educativo tienen (las que se reflejan en su perspectiva hacia cómo hacer frente a la diversidad). Estas, se concretan en la cultura, las políticas y se evidencian en las prácticas escolares generando exclusión, marginación o abandono escolar.

Pensar en una escuela que respete las necesidades educativas de cada sujeto, implica pensar en una institución que contenga e involucre, no solo al docente y al estudiante, sino también a todos los miembros de la comunidad educativa.

¿Pero pensar de esta manera bastará? ¿Sólo deberemos lograr la inclusión o el objetivo sería ir hacia la convivencia?
Para contestar estos interrogantes hay que pensar dicho proceso con fases superadoras, en donde una lleve a la otra. Se puede comenzar hablando de integración, luego estaría la inclusión y como tercera fase situaría la convivencia. Para llevarlas adelante se necesita de adaptaciones sociales, culturales y metodológicas, una mirada diferente, aceptación del otro y una mirada habilitadora en donde se focalicen las posibilidades y no las limitaciones.

La convivencia escolar es a la vez un desafío y un aprendizaje. Un aprendizaje, pues supone una enseñanza que está íntimamente ligada con el proceso educativo de la persona y, como tal, en directa relación con el contexto, el medio social y familiar donde se ha desarrollado.

La convivencia se aprende y se practica en el entorno familiar, en la escuela, en el barrio, en el mundo social más amplio. Tiene que ver con la capacidad de las personas de entenderse, de valorar y aceptar las diferencias; los puntos de vista de otro y de otros; con la tolerancia. Por eso, la convivencia vivida y experimentada en la institución escolar es el germen del ejercicio de la ciudadanía y de la democracia. Aprender a con-vivir constituye la base para la construcción de una sociedad más justa y una cultura de la paz, porque se sustenta en la dignidad de la persona; en el respecto y cuidado de sus derechos y sus deberes.

La escuela es un lugar excepcional para aprender a convivir porque la misión principal de la institución escolar, además de enseñar contenidos, es enseñar a ser ciudadanos, respetar a los otros como iguales en dignidad y derechos, a reconocer, valorar y aceptar las diferencias, a ser solidario, tolerante.

Para aprender a convivir deben cumplirse determinados procesos que, por ser constitutivos de toda convivencia democrática, su ausencia dificulta (y obstruye) su construcción:
• Interactuar (intercambiar acciones con otro/s, otras/s)),
• interrelacionarse; (establecer vínculos que implican reciprocidad)
• dialogar (fundamentalmente ESCUCHAR, también hablar con otro/s, otras/s)
• participar (actuar con otro/s, otras/s)
• comprometerse (asumir responsablemente las acciones con otro/s, otras/s)
• compartir propuestas.
• discutir (intercambiar ideas y opiniones diferentes con otro/s, otras/s)
• disentir (aceptar que mis ideas o las del otro/s, otras/s pueden ser diferentes)
• acordar (encontrar los aspectos comunes, implica pérdida y ganancia)
• reflexionar (volver sobre lo actuado, lo sucedido. “Producir Pensamiento” – conceptualizar sobre las acciones e ideas.)

Todas estas condiciones en la institución educativa se conjugan y se transforman en práctica cotidiana a través de proyectos institucionales que resulten convocantes y significativos para los actores institucionales, y también respondan a necesidades y demandas institucionales. Estos proyectos incluyen y exceden los contenidos singulares de las asignaturas, la tarea nuclea a los distintos actores y como consecuencia de ello, las relaciones cotidianas y rutinarias se modifican, varían los roles y cada integrante asume nuevas responsabilidades, se incrementa el protagonismo de todos los participantes. La actividad además de tener sentido y significado para quienes la ejecutan debería tenerlo para sus destinatarios; alcanzar las metas propuestas es el cometido compartido, se incrementa la responsabilidad y el sentido de pertenencia. Esta propuesta impregna a toda la institución que, sin «trabajar específicamente la convivencia», aprende «a convivir, conviviendo «.

El objetivo educativo no solo es incluir a los diferentes actores, sino es hacer un cambio sustancial en la forma de pensar, de manifestarse en la vida, en la manera de planificar y en la puesta en marcha de los diferentes proyectos y planificaciones para lograr un pasaje a la convivencia en donde cada uno se convierta en protagonista activo y dejar de ser un simple espectador.

Inclure – Consultora en Inclusión Escolar
Lic. Giselle Arvilly – Licenciada en Psicología

Bibliografia
• La educación inclusiva: el camino hacia el futuro, UNESCO, 2008.
• Hacia una escuela para todos y con todos, Rosa Blanco G. OREALC – UNESCO Santiago
• Conviviendo mejor en la escuela y el liceo, Mineduc, 2010
• Caruso, M. y Dusell, I : De Sarmiento a los Simpsons. Cinco conceptos para la educación contemporánea. Colección Triángulos Pedagógicos. Ed. Kapelusz. Buenos Aires. 1998.
• Duschatsky, Silvia: La escuela como frontera. Reflexiones sobre la experiencia escolar de jóvenes de sectores populares. Cuestiones y Educación. Ed. Paidós. Buenos Aires.1999.
• Ianni, N. comp. y otros “El aula espacio de convivencia. Reflexiones y alternativas”. Enfoques en Educación. Ediciones La Llave. Buenos Aires.1999.
• Ianni, N: “La compleja tarea de construir un sistema de convivencia escolar” Revista Ensayos y Experiencias – Año 7 Nº 35 – Septiembre / octubre 2000.
• Ianni, N. “Microviolencias en la vida cotidiana” Revista Ensayos y Experiencias – Año 4 Nº 19 – Septiembre / octubre 1997.
• Jörgensen, Mosse: «Una escuela para la democracia. El Instituto Experimental de OSLO» Ed. Laertes. Barcelona (España) 1977.
• Martiñá, Rolando: “Escuela hoy: Hacia una cultura del cuidado”, El educador en el cambio, Tesis – Norma, Buenos Aires, 1992.
• Maturana, Humberto: Emociones y lenguaje en educación y política – Colección HACHETTE / COMUNICACION – Hachette – CED. Chile 1992.
• Ramos Traver, Z y Miñambres, J.: La convivencia y la disciplina en los centros educativos. Normas y procedimientos. Didáctica y Pedagogía. Editorial Escuela Española. Madrid. 1997.
• UNICEF Proponer y dialogar. Guía para el trabajo con jóvenes y adolescentes. Ed. UNICEF Argentina. 2002.
• Boletín de Antropología y Educación, N° 01, diciembre, 2010. ISSN 1853-6549 Artículo: Integración o Inclusión escolar: ¿un cambio de paradigma?, Liliana Sinisi.

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