Nadie es prescindible

El silencio es comunicación. Por eso, resuena con fuerza el clamor de la apatía de buena parte de las organizaciones de familias de personas con síndrome de Down en el mundo, luego de que le otorgaran en España, a principios de marzo, el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Humanidades y Ciencias Sociales al filósofo australiano Peter Singer. Según el Jurado se debió a “la profundidad, la brillantez, el empleo de la racionalidad y el avance de un progreso moral que ha sabido destacar en sus libros y ha extendido a toda la sociedad”.

Preocupante. Muy preocupante. Mucho más, si se analizan algunas posturas de Singer en relación a las personas con síndrome de Down en sus obras. Un ejemplo lo hallamos en Repensar la vida y la muerte (1997), cuando escribió: “No podemos esperar que un niño con síndrome de Down toque la guitarra, sienta afición por la ciencia ficción, aprenda una lengua extranjera, charle con nosotros sobre la última película de Woody Allen o sea un atleta, jugador de baloncesto o tenista importante (…)”. Y esto está en clara consonancia con su posición eugenésica de aceptar el infanticidio de un bebé con discapacidad hasta el primer mes de vida.

También es preocupante que la Fundación BBVA España, que manifiesta en comunicados oficiales “su compromiso con la mejora de las sociedades en las que desarrolla su actividad empresarial”, galardone a un intelectual que promueve el descarte de personas con síndrome de Down. ¿Acaso una sociedad evoluciona y mejora sin consagrar el respeto por la dignidad humana de las personas, más allá de su condición? ¿Progresa, por otra parte, una sociedad que desperdicia la riqueza de talentos de hombres y mujeres con discapacidad por prejuicios?

Nadie es prescindible. Nadie.

Y un comentario adicional, que, sin dudas, debe llamar a la reflexión de varios actores de la comunidad global, entre ellos, las propias organizaciones que defendemos los derechos de las personas con discapacidad. Durante marzo se hicieron -y hacen- en el planeta numerosas campañas a favor de la plena inclusión de las personas con síndrome de Down en todos los ámbitos: la familia, la salud, la escuela, el trabajo, el derecho y la vida social en general. Son muy valiosas. Pero lo son más, cuando están acompañadas del coraje de señalar, ante quien sea, que la vida de las personas con síndrome de Down vale. Insisto: nadie es prescindible. Nadie.

Pedro Crespi

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