En los últimos meses, la palabra “mogólico” volvió a aparecer con frecuencia en conversaciones, redes sociales y medios de comunicación. Se utiliza para descalificar, para cuestionar la inteligencia de alguien, para expresar enojo o simplemente como una forma más de insultar.
Hace unos meses, una situación ocurrida en Gran Hermano volvió a poner esta expresión en el centro de la conversación pública. La participante Yipio utilizó la palabra como insulto hacia una compañera y el fragmento rápidamente circuló por las redes sociales. Muchas personas cuestionaron sus dichos y pidieron una sanción.
Pero el problema no empieza ni termina en un programa de televisión.
¿Por qué una palabra puede ser discriminatoria?
“Mogólico” es un término históricamente vinculado a las personas con síndrome de Down. Su utilización como insulto parte de una idea muy concreta: que tener síndrome de Down, o tener una discapacidad intelectual, es algo negativo que puede utilizarse para descalificar a otra persona.
Cuando alguien dice “mogólico” para decir que otra persona es tonta, incapaz o poco inteligente, está asociando el síndrome de Down con esas características.
Por eso, no se trata solamente de una palabra de mal gusto ni de una cuestión de sensibilidad. Es una expresión que reproduce un prejuicio y convierte una característica de una persona en un motivo de burla o descalificación.
ASDRA viene señalando esta problemática desde hace años. Nuestra campaña “Insultos” parte justamente de esa idea: cuando una palabra históricamente vinculada al síndrome de Down se utiliza para insultar, se está discriminando.
“Pero se dice sin pensar”
Precisamente ahí está uno de los problemas.
Muchas expresiones discriminatorias sobreviven porque se volvieron habituales. Se dicen sin pensar qué significan, de dónde vienen o a quiénes afectan.
Que una palabra sea de uso frecuente no la convierte en inocua.
De hecho, documentos oficiales sobre discapacidad y no discriminación recomiendan expresamente evitar términos como “mogólico” o “retrasado” incluso en tono de broma, porque su uso descalificatorio reproduce estigmas y asocia la discapacidad con algo negativo.
Podemos cuestionar a una persona. Podemos enojarnos. Podemos discutir, criticar o señalar una conducta que nos parece equivocada.
No necesitamos utilizar la discapacidad como insulto para hacerlo.
Las palabras también construyen el lugar que ocupamos en la sociedad
El lenguaje no existe separado de la realidad.
Las palabras que elegimos pueden reforzar prejuicios o pueden ayudarnos a cuestionarlos. Pueden convertir una diferencia en motivo de burla o reconocerla como parte de la diversidad humana.
Por eso preocupa que expresiones vinculadas a distintas discapacidades aparezcan cada vez con mayor naturalidad en las conversaciones cotidianas y en las redes sociales. Y preocupa todavía más cuando formas de expresión discriminatorias aparecen en discursos provenientes de personas con alta exposición pública o de quienes ocupan posiciones de responsabilidad.
Las palabras de quienes tienen visibilidad y poder de influencia no son neutrales. Ayudan a establecer qué se considera aceptable en una conversación pública.
Cuando desde distintos espacios de poder se utilizan o naturalizan expresiones que descalifican a las personas con discapacidad, el mensaje que llega a la sociedad es especialmente preocupante: que la burla puede ser una forma válida de expresión y que hay personas que pueden convertirse en objeto de ella.
No hace falta conocer a una persona con síndrome de Down para entenderlo
Quizás alguien que utiliza “mogólico” como insulto nunca haya pensado en una persona con síndrome de Down al decirlo.
Pero las personas con síndrome de Down sí escuchan esa palabra.
También la escuchan sus familias.
La escuchan niñas, niños, adolescentes y jóvenes que crecen en una sociedad que todavía debe enfrentar muchos prejuicios sobre la discapacidad intelectual.
Por eso, el desafío no es solamente pedir que una persona sea sancionada cuando utiliza esta expresión públicamente.
El desafío es más profundo: dejar de naturalizarla.
Que no sea necesario explicar cada vez por qué está mal. Que deje de ser una palabra disponible para insultar. Que podamos reconocer que detrás de ese insulto existe una historia de discriminación que todavía tiene consecuencias en la vida cotidiana de muchas personas.
Podemos elegir otras palabras
No se trata de controlar cómo habla la gente.
Se trata de algo mucho más sencillo: elegir no discriminar.
Podemos estar en desacuerdo sin utilizar la discapacidad como descalificación. Podemos señalar un error sin convertir una condición personal en un insulto. Podemos discutir con alguien sin decirle que es “menos” por tener una discapacidad.
Porque cuando decimos “mogólico” como insulto, no estamos diciendo solamente que alguien hizo algo mal.
Estamos diciendo que ser una persona con síndrome de Down es algo malo.
Y eso es discriminación.
ASDRA Asociación Sindrome de Down de la República Argentina


