Acerca de la inclusión para ASDRA

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La inclusión empieza en la familia. Ésta constituye el ámbito privilegiado para que cada persona desarrolle su personalidad y sus potencialidades, en un contexto donde sienta una profunda mirada de amor que confía en ella y la acepta tal cual es. Si se descuida la promoción de todos los integrantes del seno familiar, sin dudas, se pierde la fuerza propia de la coherencia para pedir por la plena inclusión en todos los ámbitos de la sociedad: la escuela, el trabajo, el ocio, etcétera.

ASDRA es familia
La inclusión empieza en la familia

ASDRA tiene una gran experiencia de familia. De hecho, nació por el impulso de un grupo de familias. Y se sostiene y sostendrá por familias. Por eso, su principal capital está constituido por el cúmulo de experiencias que las familias vivenciaron –y vivencian- desde hace 25 años.

Y ASDRA, como toda Asociación, tiene un discurso uniforme. Homogéneo. Claro. Penetrante. Y esto es necesario por dos motivos: en primer lugar, porque es fundamental tener una identidad bien definida que sirva como referencia y guía para las familias y colaboradores; y en segundo lugar, porque es imprescindible asumir una posición firme respecto de la dignidad de la persona con síndrome de Down y de sus derechos en el diálogo que se tiene con el resto de los actores de la sociedad –entiéndase Estado, comunidad profesional, medios de comunicación, etcétera-.

Hablar de inclusión, en ASDRA implica respetar ciertos principios rectores que se expresan en los derechos que tienen las personas con síndrome de Down. En concreto los siguientes: derecho a la vida; derecho a una familia; derecho a una escuela común; derecho a trabajar en el mercado laboral abierto y competitivo; derecho a decidir por sí mismo; derecho a un envejecimiento activo; y derecho a la vida autónoma e independiente.

Es importante señalar que cuando una Asociación asume una posición, como en la vida de cualquier persona, eso implica que no todos necesariamente estén de acuerdo con ella. Pero asumir posiciones permite construir y dialogar con honestidad en las relaciones dentro de la vida institucional y con la comunidad. Dicho esto, bien vale destacar que es posible que en el punto de la educación inclusiva, a veces, haya malas interpretaciones. ASDRA, es cierto, pide con fuerza para que la escuela común les abra sus puertas a todos los chicos. Y lo hace desde el convencimiento de que, además de ser un derecho, el aula común debe ser un reflejo de la vida en sociedad. “Un microcosmos social”, en palabras del psicólogo y respetado amigo español Emilio Ruiz. Pero ahora bien: tener esta convicción no implica que la Asociación tiene como enemiga a la escuela especial. Implica, en todo caso, una fuerte petición a la escuela común para que no discrimine y deje de excluir, en general, a las personas con discapacidad.

ASDRA está cerca de las familias. Está en su esencia. Es verdad que debe mejorar en algunas cuestiones de la comunicación y que, como toda institución, a veces cometió errores que pudieron hacer daño a algunas personas. Pero también es cierto que, en los últimos tiempos, se dieron pasos muy importantes para que todos se sientan bien acogidos. Y este es un trabajo artesanal, de todos los días y que requiere del compromiso de todos.

Lejos está en el espíritu de ASDRA tener “fiscales de la inclusión”, porque la realidad es compleja y las familias tienen sus procesos. Pero sí la Asociación tiene muy en claro que la inclusión es una cuestión muy seria y que debe tener un riguroso marco conceptual axiológico que respete la dignidad, con todos sus derechos, de las personas con síndrome de Down.